lunes, 4 de abril de 2011

Empty Shell

I walk through life as an empty shell, but if you look close enough, you will witness life laying, green, all over my surface; as it would happen in nature, to an empty shell.

lunes, 28 de marzo de 2011

Si ya no tienes control de esfìnteres...

El útlimo sábado lo pasé sentada en la mesa de algún restaurante, de esos que se perciben acogedores para el festejo y nada amigables para la cartera. Acompañaba yo a mi abuela y a sus recientes 85 años. Los demás presentes eran mi madre, mi padre, mi hermano y la cuñada. La abuela, bien conocida como La Yaya, gozaba su festejo despilfarrando historias. La Yaya es por definición una colección de historias repetidas. Sí, ya muchos hemos tenido la fortuna de escucharlas en triplicado, al menos; a veces unas 4 o 5 veces incluso en el mismo día. La Yaya hizo buen uso de su tiempo en famila; acompañamos entonces, al son de sus historias, las entradas, el plato fuerte que por cierto, ya no le entró a la Yaya debido a los años que su estómago lleva digiriendo; los vinos, el postre y el digestivo. Como es costumbre, la sobremesa duró lo debido y no menos; unas horas bien enfocadas a la bebida. En algún punto del temario, entre ella no queriendo mencionar sus achaques y expresando muy abiertamente los de sus congéneres, esculpió una frase con la inocencia de quien no se entera de que la sinceridad no siempre es bienvenida. No me quedó más remedio que anotarla y henos aqui. Ya habiéndose mencionado Raul, el único novio y el amor de su vida (que por cierto, no es mi difunto abuelo, Fernando); pasamos a Teresa, la de los hijo e hija gays que se vuelve loca y cuyo hijo menor, el más normal, es un enano gracias al tabaquismo de la madre durante el embarazo. Entonces, llega la historia de Martita quien se disponía a salir un día por la mañana a uno de sus desayunos acompañada de su esposo, Jaime. Al despertarse, Martita se encuentra con que Jaime se había cagado en la cama y estoy había sucedido por la mañana. Estaba desolada.

-Pónle un pañal.
Decía mi abuela

- Se lo pongo por las noches que es cuando solían suceder estos accidentes. ¡Pero esto, ha sido por la mañana!

Lo decía con el tono serio de quien deja claro que la cosa está mal. Cagarse por las noches no era motivo de preocupación, pero si sucede por las mañanas es un indicativo de gravedad. Martita lloraba.

Abstrayéndose de la historia, voltea la Yaya y dirigiéndose a mí, apunta una mirada seria y consternada que expone el paso de los años en su fruncir y dice :

-"Si ya no tienes control de esfínteres ¡mejor que Dios te recoja Nena! ".

La frase terminó con una pizca de resentimiento hacia el dueño y culpable de la caducidad, el tiempo; que inevitablemente pasa y nos añeja. Tan injusto,  casi abusivo, él. Yo le regreso la mirada efervecida por la conclusión y riéndo digo:

- "Bueno, la mierda siempre ha sido un fiel medidor de lo que opina nuestro cuerpo ".

La Yaya reafirma con convicción: "¡Claro! Nadie quiere vivir para que le limpien la cola". La Yaya lo decía muy en serio, ya que ese día de su cumpleaños, sus 85 años pesaban más que nunca y temía por las hazañas que le deparaba ese cuerpo suyo.